Quien tiene un abuelo tiene un tesoro

abuelos
Y ellos dirán: quien tiene un nieto tiene un tesoro. Porque el amor entre ambos, entre los abuelos y las abuelas y los hijos que les dieron los suyos es más que incondicional.

Es un afecto cuyos lazos son visibles desde los primeros días del nacimiento de estos. Y se consolida, incluso en épocas más complicadas de crecimiento como es la adolescencia, momento en el que muchas veces los chavales mantienen una relación más cómplice con los abuelos que con sus propios padres. Porque el abuelo orienta, pero no educa, ni exige, ni castiga. Los abuelos enseñan a montar en bicicleta. Y a nadar. Son grandes contadores y contadoras de historias, en general de la familia, engrandeciéndola y contribuyendo a una transmisión oral de los contenidos de un árbol genealógico que si no probablemente se perderían.

Por ello es tan interesante y tan importante buscar momentos de relación entre abuelos y nietos, momentos a solas, sin interferencias, momentos de conversación, pero sobre todo de diversión, de juego. Y es que jugar anuda bien fuerte esos lazos. Los abuelos, además, son grandes transmisores de los juegos de toda la vida, de esos que eran del conocimiento global y popular antes de la invasión de las pantallas. Juegos mucho más emocionales, más propiciadores de lazos inquebrantables. A los niños les proporciona seguridad, tan ligada al amor. A los abuelos les devuelve una cierta juventud que de pronto recuperan rememorando reglas, obligándose a echar al suelo, ellos también recuperan autoestima y se sienten más valorados por ese ser que les devuelve las mariposas al estómago y les emociona recordando cómo fueron ellos, pero sobre todo, esos hijos que han crecido tanto que ahora son padres, lo que parece un fenómeno sobrenatural, sobre todo en los primerizos.

Los abuelos en general y las abuelas en particular son generadores de un término que en Great Moments adoramos usar, que es el de la familia en grande. Porque ellas (y ellos) hacen la unión no solo entre sus hijos y los de estos, sino también entre el resto de los miembros de la familia, con los primos y tíos e, incluso, muchas veces, con la otra familia, la política, contribuyendo a la construcción de una arquitectura de relaciones que favorece el desarrollo presente y futuro del niño, que fundamentalmente obtiene una mayor seguridad, importantísima como cimiento y cemento de vida. Para los buenos momentos, pero también para los malos, los abuelos son grandes sostenedores de la relación familiar. Y esa relación será más que fructífera, sobre todo, si consiguen desprenderse de la ansiedad del control que en su día ejercieron sobre sus hijos. Porque los abuelos no castigan. Los abuelos están para los mimos y, si acaso, para comprar chuches…, sin que nadie les regañe.

Equipo Great Moments

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