Abuelos primerizos

abuelito
Aún te acuerdas, y se te pone un nudo en la garganta. Casi fue una declaración de amor: vas a ser abuela. Te lo contó, como hacía de pequeño, cuando tenía algo muy importante que comunicarte: al oído, en voz muy bajita. Luego os reunió al futuro abuelo y a ti e hizo la ceremonia completa, brindis incluido, y con la futura madre, claro, que solo se mojó los labios. Desde aquel momento, podrías haber escrito un libro con todo lo que te ha pasado por la cabeza. Miedos. Esperanzas. Inquietudes. Certidumbres. Memorias de lo que fue tu embarazo. Con el abuelo habéis preparado en vuestra casa un lugar especial para el futuro miembro de la familia, dispuesto a destronar a todos los príncipes ya existentes, incluso antes de nacer. Habéis ido haciendo acopio de pequeñas y grandes cosas para el bebé, porque queréis disfrutarlo, vosotros también.

Y de pronto, como si los nueve meses de embarazo se saltaran con pértiga, ahí está. Da igual el color del pelo o el peso, el niño también es vuestro, ya le queréis sin fisura y estáis convencidos de que va a transmitiros una felicidad cercana a la que supuso el nacimiento del hijo o la hija que os han hecho ese bello regalo. En Great Moments decimos que “Dios no podía estar en todas partes y por eso creó a los abuelos”. Porque, en efecto, ya intuyes que abuelo y abuela vais a convertiros en un tercer y cuarto brazo (quinto y sexto) de los nuevos padres. Y nadie se da cuenta de que vosotros también sois abuelos primerizos, para los que no hay preparación ni al parto ni al postparto. Por eso conviene que tengáis en cuenta una serie de reflexiones, que no consejos, que pueden ayudaros a enfrentar la buena nueva y a convertiros en los mejores abuelos.

  • En el momento clínica. Al hospital se va pero para ayudar. Y se va. Sin necesidad de que nadie te lo diga. ¡No esperéis una invitación en cartón con vuestro nombre escrito a mano! No lo necesitáis. Podéis manteneros alerta en casa, por si acaso, pero no hace falta esperar en la cafetería de la clínica. Es posible que seáis los primeros en saber que el bebé ha nacido, sí, vuestro nieto. Pero incluso si los nervios del primer momento “os olvidan”, rápidamente seréis informados. Y lo mejor es acudir prestos y veloces, pero antes preguntar por las necesidades que pueda haber surgido y que a veces son tan bobas como pañales porque el bebé nació más grande o más pequeño de la media (en la clínica ofrecen pero la mamá siempre quiere tener los suyos) o un dulce determinado, que los antojos no acaban con el parto.
  • Momento traslado a casa. Sois los mejores abuelos. Lo sabemos. Vais a serlo. Pero no os confundáis. Vuestro nieto tiene padres y están deseosos ambos de pasar unos días a solas, enfrentados a la nueva situación. Los abuelos primerizos quieren ayudar a toda costa, incluso aunque eso signifique para ellos perder horas de sueño. Pero hay que recordar cómo os sentisteis cuando fuisteis padres primerizos. ¡Queríais estar solos! La vida ha cambiado pero no tanto. Así que concentraos en vuestra vida y esperad que os pidan ayuda. Y tú que ya te mueres por tu nieto o nieta puedes tener algunas ideas que te acerquen a bebé y a tu hija o hijo (al fin y al cabo, sois padres) sin acosar. Porque los primeros días, los primeros meses, la ayuda se necesita. En forma de ofreceros a dar algún biberón al día en el momento en que pase a esa alimentación. O una salida para que le dé el aire libre. O el pedido de la compra. O llevar hecha la comida algún día y con la condición de que sea hacerla, llevarla, sostener al bebé en la habitación más alejada de la casa, por si llora, mientras sus padres comen (tranquilos, por fin) y después marcharte. Solo está permitido quedarse si los nuevos padres reclaman que sigas cuidando al bebé mientras ellos duermen una pequeña siesta.
  • Para toda la vida. En Great Moments os damos varias claves para saber si sois los grandes abuelos que se espera. Pero hay dos cosas que no fallan y con las que os pondrán una medalla. El mejor regalo que además queda inscrito en la memoria de los padres, vuestros hijos, para siempre, es un mes (o quince días) de ayuda nocturna, porque es el peor momento, ese en que el bebé llora y nadie sabe por qué. Claro que hay otros también magníficos, como por ejemplo tres horas semanales pagadas de limpieza. Mil veces mejor que los lotes de bodies o esos pijamas que duran nada de tiempo y de los que seguro que ya tendrá miles.

Equipo Great Moments

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