¿Puedo enseñar a mi hijo a ser feliz?

Cómo enseñar a los niños a ser felices
La psicóloga Ana Saro nos da las claves para enseñar a nuestros hijos a ser felices.

¿Es mi hijo feliz?, ¿Lo estoy haciendo bien?, ¿Te ha contado qué le pasa?, ¿Por qué no me lo cuenta a mí?, ¿Por qué está triste y nervioso?… estas y otras preguntas son las que los padres nos hacen a los psicólogos cuando vienen a consulta con sus hijos.

Desde el momento en que los hijos llegan a nuestras vidas, nuestro eje gira 180 grados y su felicidad se convierte en la nuestra. Desde ese momento ellos son el centro de nuestras vidas, y para la mayoría de los padres, su único deseo es que esas pequeñas personitas sean felices ahora y durante toda su vida adulta.

¿Qué es la felicidad?

Pero ¿qué es la felicidad? La felicidad, la alegría, la ira, la tristeza… son emociones que dan forma a nuestro estado de ánimo. Todas ellas son experiencias subjetivas porque cada uno de nosotros interpretamos la realidad, las cosas que nos pasan, según nuestro sistema de pensamiento, de creencias y de actitudes. Y cada uno de ellos es como el DNI, personal e intransferible, que se van formando desde nada más nacer.

Cuando interpretamos una situación con nuestro sistema de pensamiento, creencias y actitudes, sentimos emociones… pero cada uno la suya. A todos nos ha pasado que algo que hace feliz a otra persona a nosotros nos deja fríos o que nos molesta algo que los demás no ven como motivo para enfadarse. Según vamos creciendo vamos aprendiendo a diferenciarlas, (aunque no sepamos cómo se llaman), a través de un proceso de comparación: siento que tengo ganas de reír y esto es diferente a cuando solo quiero llorar.

Al principio los padres son los que ponen nombre a estas emociones (¿por qué lloras cariño, estás triste?) y más tarde comparten esta responsabilidad con el colegio y el resto de la familia, gracias a estas relaciones, los niños acaban aprendiendo el nombre de las emociones que sienten. Día a día los niños van diferenciándolas (que no controlándolas, esto es más difícil), y empiezan a preferir sentir las emociones positivas, en vez de las negativas (serán pequeños, pero son muy listos).

¿Puedo enseñar a mi hijo a ser feliz?

¿Podemos enseñar a los niños a ser felices?

Sí. Como padres, lo primero es hacerles conscientes de las emociones que sienten (entre ellas la felicidad), para que aprendan cuanto antes a diferenciarlas.

Después es importante que les ayudemos a aprender a gestionarlas, la gestión emocional es un aprendizaje fundamental para una vida equilibrada.

¿Por qué? Porque las emociones cambian según nos pasan cosas. En un mismo día podemos estar felices, alegres, enfadados… y no pasa nada, es normal. Pero si no sabes gestionarlas puede que te quedes atascado en el enfado y filtres el resto de las experiencias del día (o de la semana, o del año… o de toda una vida) con esa emoción, perdiendo en el camino momentos de alegría o de felicidad.

Saber gestionar y expresar las emociones es un síntoma de bienestar emocional. Y por último los niños deben aprender que la felicidad, su felicidad, va a depender en un 80% de ellos mismos, y en un 20% de los demás, porque si invertimos los números y hacemos responsables a los demás de nuestra felicidad, puede que nos cueste mucho llegar a ser felices.

Ok, (me diréis), pero ¿cómo se lo enseño? Bueno, lo primero es predicar con el ejemplo. Nuestros hijos no pueden recibir el mensaje contradictorio de vernos tristes o estresados, mientras les decimos a ellos que no pueden estar así. Lo segundo es fomentar desde pequeños su autoestima (personal, académica, social…).

Con esto les ayudamos a que no dependan del todo de otros para ser felices. Es importante que les enseñemos a ponerse metas que con esfuerzo puedan alcanzar para que valoren sus logros, así como a identificar sus fracasos como oportunidades para aprender a hacer las cosas de otra forma. Dejar que intenten buscar las soluciones a sus problemas les dará seguridad en sí mismos (si les damos todo y les solucionamos todo no les hacemos más felices, todo lo contrario). Tener un ambiente familiar cálido, cariñoso y comunicativo es una muy buena base.

Debemos hablar con ellos, pero sobre todo escucharles. Y desde pequeños. Tienen que saber que nos lo pueden contar todo, que pueden expresar lo que sienten sin que les censuremos o nos escandalicemos, así les entrenamos para que sean personas asertivas tanto dentro como fuera de casa.

Espero que estos pequeños consejos os ayuden a criar pequeñas personitas felices y futuros adultos equilibrados.

Hasta pronto

Ana Saro  @anasarodebliss

Psicóloga en www.blisspsicologia.com