Hacer que nuestros hijos amen a la vida

Haz que tus hijos sean felices cada día.
Leo Farache, Director de Gestionando Hijos, nos da pautas para conseguir que nuestros hijos sean felices cada día de su vida.

Cuando preguntamos a madres y padres cuáles son sus principales retos educativos, encontramos respuestas muy similares: “educar en valores,  educar para que sean autónomos, para que cultiven y desarrollen sus talentos, para que sean sanos física y emocionalmente”.  Casi todas esas respuestas se dan cita en un punto de encuentro común: “en definitiva” -solemos decir-  “quiero educarle, quiero ayudarle a que sea feliz”

Si nuestra conversación con esas madres o padres se prolongara, llegaremos a la conclusión de que nuestra verdadera pretensión es que nuestros hijos “sean conscientes de que son felices”.  Ser conscientes, desde pequeños, de nuestros estados de ánimo nos proporciona una sabiduría que posiblemente nos acompañe el resto de nuestra existencia y que marcará – en gran medida-  nuestra experiencia vital. Se trata, por tanto, de algo tan esencial que determina el paso de nuestros hijos por la vida.

Las madres y padres somos los principales facilitadores del desarrollo de esa habilidad: que nuestros hijos sean conscientes de su felicidad. Es preciso que esa facultad que nuestro papel de madres y padres nos proporciona sea asumida con gratitud, con ilusión, con consciencia, alguna dosis de responsabilidad al tiempo que alejada de los inventados, innecesarios y desasosegantes agobios, temores y miedos. Propongo cambiar la palabra felicidad por amor a la vida. Nuestro reto es conseguir que nuestros hijos sean conscientes de que aman a la vida. Desde que salen del vientre de la madre y durante toda la vida tenemos muchas oportunidades para compartir con nuestros hijos esa pasión por descubrir la vida a diario. Nuestras palabras, nuestras acciones, nuestro entusiasmo, nuestras ganas de jugar con la vida son con lo que contagiamos a los demás y, muy especialmente, a nuestros hijos.

Te propongo que ayudes a tus hijos a ser más conscientes para protegerles de esa furibunda y pandémica “dolencia” de la opulencia que nos lleva por el camino de dar por supuesto lo mucho que disfrutamos en nuestro día a día desde que nos levantamos.  A nosotros, las madres y padres, quizás también nos venga muy bien en cualquier ámbito de la vida (para empezar, valorar a nuestra propia pareja, si la tenemos. “Que te quieran no es un derecho, es un privilegio”)

Haz que tus hijos disfruten de cada momentoTe sugiero:

1. Repara en algo que esté ocurriendo que aparentemente sea normal (estás jugando con tu hijo, te ha dicho algo tierno, tu casa te protege del frío, acabáis de reír, la abuela ha dicho algo gracioso, estamos yendo al cole)

2. Convierte ese acto normal en un hecho en el que reparar, en un espectáculo. Realmente lo es, pero viajamos con una fuerte inercia y no valoramos lo que a diario nos ocurre. “¿Te lo estás pasando bien jugando con mamá y papá? ¡Yo también! Somos muy afortunados de poder jugar y jamás debemos olvidarlo. Nos vamos a acordar de los buenos ratos que pasamos juntos. Choquemos cinco y vamos a darnos un abrazo para celebrar que nos los pasamos tan bien”

3. Busca nuevas oportunidades pero, te sugiero, que no lo conviertas en una rutina. Para que transmitamos algo real, debemos sentirlo, saber que eso cumple nuestros anhelos, nuestros deseos. Palabras positivas, emoción, abrazos, besos (como dice Antonio Ortuño experto colaborador de Gestionando hijos: “Besos sin límites. Límites con besos”)

Educar es alimentar el sueño de los demás escribió el filósofo Luis Castellanos. Educar es alimentar los sueños de tus hijos.

Leo Farache, Director de Gestionando Hijos.