Recuperar el alma de niño

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Los niños no mienten en sus afectos. Son transparentes Pero tampoco se equivocan de emociones. Cuando sienten alegría es más verdad que verdad, y eso se nota. Si quieres ver sonreír a un niño, sácale al atardecer en un paseo en coche por las calles iluminadas y comprobarás, además, cómo se le iluminan los ojos, efecto o no lumínico. Bromas aparte, podrás ver en su mirada el reflejo de las estrellas, de los árboles, de aquello que haya servido para colgar de las guirnaldas urbanas. Y con ello la ilusión en sus ojos, reflejo de su pensamiento.